Desde el Lenguaje 1

Desde el Lenguaje 1

Desde el alfabeto a la coherencia.

 

Para empezar, nos vamos a remontar al pasado histórico, es importante hacer referencia a como solemos concebir la historicidad; solemos hacerlo como una secuencia de las improntas dejadas por algunos acontecimientos ocurridos en un tiempo pasado.

Sin embargo, somos conscientes que no todo lo acontecido tiene el mismo impacto sobre el futuro.

Uno de esos grandes acontecimientos que transformaron el devenir de la humanidad tuvo lugar en la antigua Grecia alrededor del año 750 A.C., fue cuando se inventaba una nueva forma de comunicación: se creaba el alfabeto. Esta invención dio origen a cambios radicales en la sociedad.

Anteriormente sí había escritura, por ejemplo, los egipcios los hacían a través de jeroglíficos, los Semitas con su escritura cuneiforme, etc. pero no eran más que formas de plasmar la oralidad, ya que cada jeroglífico representaba un sonido, una idea o una palabra entera. No fue hasta la fecha antes citada que apareció el alfabeto casi tal cual como lo conocemos, en el cual se representan las letras por separado, y con estas pocas “partes” se pueden conformar tantos “todos” como queramos, de carácter concretos o abstractos.

Los poetas, quienes hasta el momento eran los encargados de la trasmisión oral del conocimiento, se vieron pronto obligados a ceder a los filósofos, una nueva estirpe emergente, la educación de la juventud.

Pero los cambios más profundos fueron poco visibles a corto plazo: se transformaron las categorías mentales establecidas hasta esa fecha. La manera en como los seres humanos piensan sobre ellos mismos y sobre el mundo.

Antes de la invención del alfabeto los seres humanos vivíamos en un tipo de lenguaje que podríamos llamar: lenguaje activo. Lenguaje y acción estaban estrechamente ligados, esto significaba que el solo hecho de hablar hacia que algunas cosas sucedieran en el orador.

Los poetas hasta entonces encargados de la educación, enseñaban relatando historias épicas, fabulas, narraciones, etc.  sobre acciones realizadas por seres humanos, héroes, dioses, etc.

Con este modo de transmisión se sabía por ejemplo que era el amor, el odio, la traición el rencor, la piedad, la caridad, la bondad, etc. por la acción realizada por los personajes de las historias contadas.

Cuando hace su aparición del alfabeto, éste, separo al orador del lenguaje, y a estos dos, de la acción. Una vez que un texto estaba escrito “parecía hablar por sí solo” para revivirlo el orador dejaba de ser necesario y se paso de un lenguaje de la acción a un lenguaje basado en las ideas.

Llegados a este punto, pasamos a preguntarnos “¿Qué es el amor?, ¿Qué es el odio?, ¿Qué es la pasión?, ¿Qué es la valentía?, ¿Qué es la traición?, ¿Qué es la sabiduría?, ¿Qué es el prejuicio?”, etc.  todas estas preguntas con independencia de las acciones de Hidra, Ulises, Zeus, Hera, Poseidón, Atenea, Aquiles, etc. pasamos a hablar de estas cuestiones como conceptos o como ideas, no ya como rasgos propios de dioses o seres mitológico.

Ya no era necesario hablar o referirse a Atenea para transmitir el concepto de la sabiduría y de la inteligencia, por ejemplo. Paulatinamente el relato épico fue siendo sustituido por algo nuevo “el tratado”, un texto que “trata” sobre esto o aquello.

Atenea dejo de ser “el símbolo” de la sabiduría e inteligencia, para pasar a ser la ilustración de un personaje que tenía esas características.

El “lenguaje activo” comenzó a desparecer con toda esta revolución y se creó el “lenguaje del Ser”, ya que ahora se ponía toda la atención en el “Ser de las cosas”, no las acciones, como antes. Como consecuencia del “lenguaje del Ser” se desataron dos fuerzas, la del cuestionamiento y la de reflexión. Apareció entonces el pensamiento racional. De estos nuevos cambios se derivaron el pensamiento científico y la filosofía. Esto dio lugar a que la racionalidad sea la huella de identidad y el sello de fábrica del pensamiento occidental.

Con tantos cambios, con todo un mundo nuevo de posibilidades por descubrir por delante, los seres humanos de aquella época separaron el pensamiento de la acción, dando al pensamiento una importancia suprema y menospreciando todo lo referente a la acción, llegando a considerar a ésta última como algo “bajo e inferior”, sobre todo cuando una acción no estaba conducida por un pensamiento previamente elaborado.

Todo esto sin caer en la cuenta de que un pensamiento es una acción también. Una acción de la mente, pero una acción al fin.

Ya ha llovido mucho desde la antigua Grecia, pero aquel gran descubrimiento/invención del alfabeto nos dejo cosas como el poder preguntarnos ¿Qué somos?, ¿Quiénes somos?, etc. todas estas preguntas que tiene que ver o se basan en el “Ser”, comenzaron a tener respuestas gracias a filósofos, como Descartes. Quien infirió que el pensamiento es antes que el “Ser”, y por ello su famosa frase: “primero pienso y luego existo…”. Este razonamiento guió durante siglos a la humanidad, sobre todo a la occidental y podemos decir que aún hoy en día sigue habiendo corrientes filosóficas y escuelas que así lo creen, pero en todo este transcurso de la humanidad tan convulsionado y en constante reinvención también surge otro movimiento que dice exactamente lo contrario: “el Ser determina lo que pienso”. Si bien actualmente convivimos con los dos tipos de pensamiento y ambos parecen opuestos, tiene un punto en común, algo que los hermana, y es que ambos hacen del lenguaje un acto generativo, entendiendo como lenguaje: cualquier tipo de código semiótico estructurado, para el que existe un contexto de uso y ciertos principios combinatorios formales, tanto para comunicarnos con el exterior como para comunicarnos con nosotros mismos (pensamiento, dialogo interno).

Pero… ¿Cómo dos conceptos tan opuestos pueden llevarnos al mismo resultado?, a saber:

  • -“primero pienso, luego existo”: el pensamiento nos convierte en el tipo de Ser que somos
  • -“el Ser determina los que pensamos”: de acuerdo a lo que Soy, eso es lo que pienso.

Ahora unimos ambas líneas de pensamiento: el pensamiento nos convierte en el tipo de Ser que somos, y de acuerdo a eso que Soy es lo que pienso.

Como se puede observar es un tipo de definición circular, cada una de las dos posturas filosóficas tiene una mitad del circulo. Pero bien, si juntamos ambas partes y formamos el círculo vemos que el lenguaje es el que genera, esto sin perder de vista que el pensamiento es un tipo de lenguaje interno.

Por esto surge el postulado “el ser humanos se crea a sí mismo en el lenguaje y a través de él”. Por lo tanto, cada planteamiento postulado por un observador nos habla de lo observado y del observador.

Esto nos da un principio que creo que es fundamental: “no sabemos cómo son las cosas: solo sabemos cómo las observamos, y en el mejor de los casos, si ahondamos un poco… que nos sucede con esa representación de lo observado” Pero bien, el negar que podemos conocer tal como son las cosas, no implica negar su existencia, sean ellas lo que sean. Solo se trata de afirmar que no podemos conocer las cosas como son independientemente de quien las observa.

Bueno, planteado esto surge la siguiente cadena de razonamiento: “ si no podemos ver la realidad tal cual es, podemos decir que la verdad tampoco existe y…¿si  la verdad no existe, por lo tanto quiere decir que todo lo anteriormente expuesto es falso?, qué sentido tiene todo lo postulado arriba si no podemos sustentarlo con “la verdad”?, quiere decir entonces que cualquier interpretación es equivalente a otra?, es “la verdad” aparentemente inexistente el único criterio del que dispondríamos para aseverar esto o aquello?

No, afortunadamente disponemos de un criterio más elevado, el criterio que determina “la verdad”, esa verdad que nos hace decantar por esto, por aquello o lo otro, ese criterio es la Coherencia.

Coherencia es: “la propiedad de aquello que está bien formado dentro de un sistema determinado”. Cuando algo nos resulta coherente, lo damos por verdadero o valido, pero…seguramente os habéis enfrentado con razonamientos que os han parecido “coherentes” pero que no dais como verdaderos, esto es porque el razonamiento sigue una “línea compacta y racional” pero no está ubicado dentro de vuestro sistema. Por esto es que solemos llamar erróneamente “coherente” a algo que simplemente es “lógico”.

Cuando esa línea de razonamiento “lógico” se posiciona dentro de nuestro sistema se transforma, y encaja perfectamente, sentimos la coherencia. Por lo tanto, una línea de razonamiento lógico puede o no ser coherente, dependiendo del contexto o sistema en el que se encuentre inmersa.

¿Para que buscamos la “verdad” ?, el fondo lo que queremos es vivir en la coherencia, solo en la coherencia se alberga el “no sufrimiento”, ya que cuando algo no es coherente, algo no “encaja”, hay una “pieza de nuestro puzle” que no corresponde y “nuestro puzle (nuestro Ser)” está incompleto.

El sentirnos absolutamente completos es lo que nos da el sentimiento de “Integridad coherente”, o “felicidad”, algo para lo que estamos genéticamente preparados…acercarnos al placer y alejarnos del dolor…

¿Hay coherencia en tu vida?, eres coherente?, te sientes completo/a? o crees que algo no encaja?

En la coherencia esta la respuesta, ahora, ¿cuál es el camino hacia la coherencia? No hay camino hacia ella, la coherencia es el camino. Solo hay que Ser.